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Claudia Regina Ramírez Zea, una chef repostera

 

Y no una chef repostera cualquiera. Se llama Claudia Regina Ramírez Zea y, el año pasado, representó a su país (Guatemala) en la Copa del Mundo de Repostería que se celebró en Lyon (Francia). Ella fue la primera chef discapacitada que participó en este muy prestigioso concurso.  No ganó… pero su tesón hizo que todos la reconocieran, además de por ser una excelente repostera, por ser una verdadera luchadora.

Experta en chocolate, y de espíritu enérgico, alegre y emprendedor, Claudia Regina pudo fundar su propio negocio gracias a la ayuda económica de unas monjas carmelitas. Fue la salida profesional que la repostera encontró después de que allá por el año 1987, Claudia sufriera un accidente que la dejó postrada en unasilla de ruedas. Desgraciadamente, y mientras esperaba el autobús, Claudia se encontró en medio de un tiroteo entre la policía y un ciudadano de los EE UU. Una bala perdida, aparentemente disparada por el estadounidense, atravesó la espalda de Claudia.

Como parte del proceso de rehabilitación, la repostera pasó un tiempo en Chicago (Estados Unidos) -la embajada norteamericana en Guatemala se hizo cargo de los gastos de la rehabilitación-. Según cuenta la protagonista, se apuntó a un curso de repostería como terapia para distraerse. Con unos moldes que le compró su madre, comenzó a elaborar casitas de chocolate… cada una de ellas de diferentes tamaños y estilos, algo poco habitual dentro del oficio. A esos inicios chocolateros en Chicago, siguió un periodo de formación en Alemania. Allí la repostera acabó por enamorarse del producto (el chocolate) y del oficio (la respostería).

En esta conversación, comparte su historia de lucha que ha sabido ganar con la dulzura de una artista del chocolate.

 

¿Cuándo y cómo empezó a trabajar con el chocolate?

Fue algo fortuito. Empecé con la chocolatería después del accidente que en 1987 me dejó inválida. Viví un tiempo en Chicago, como parte del proceso de rehabilitación. La Navidad se acercaba y mi mamá compró unos moldes para hacer chocolate, así que recibí un curso básico en la chocolatería Le Bon. Me sirvió de terapia para distraerme, y después me gustó el trabajo, más que todo como entretenimiento.

 

Así incursionó con las casitas de chocolate.

Para entonces era un mercado nuevo. Fui de las primeras que trabajó casas de distintos tamaños y estilos, pero en Guatemala habían otras empresas, como la Zúrich, la única formal de aquel entonces, y la pastelería Jehnsen, que hacía casitas con galleta de jengibre.

 

Qué recuerdos tiene del accidente?

Fue el 16 de febrero de 1987, esperaba el bus para regresar de mi trabajo a casa, pero hubo una balacera entre varios policías y un estadounidense. Una bala atravesó mi espalda. No sé quién hizo el disparo, aparentemente fue el estadounidense. Tampoco hubo culpables. Algunos detalles no los recuerdo.

 

Ese fue el inicio de un largo período de recuperación.

Fueron tres meses de terapia en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (Igss). Luego, para resarcir el daño, la Embajada de Estados Unidos me pagó una terapia en un hospital de Chicago durante seis meses. Allí recibí fisioterapia integral, donde me enseñaron a levantarme y a bañarme sin ayuda, en fin, aprendí a llevar una vida independiente, claro, dentro de mis limitaciones. Pero me he caído y fracturado en varias ocasiones.

 

Pero ha logrado reinventar su vida.

Sí. Para mí es una gracia de Dios el haber podido sobrepasar esta dificultad de una manera positiva y alegre, a pesar de las circunstancias. Era muy independiente antes del accidente, y algunos creyeron que esa actitud ante la vida, podría convertirse en una desventaja después de quedarme con una limitación tan fuerte.

 

¿Cómo lo logró?

Allí es donde entra Dios. Por supuesto estaba triste, pues entre otras cosas, me encantaba bailar; era fiestera. Lo echaba de menos, pero tampoco me provocó una depresión. Eso sí, el 15 de febrero del año siguiente del accidente, lloré sin parar. Mi hermano menor me preguntó la razón de mi desconsuelo, y le contesté que era porque deseaba volver a caminar. Me trajo una caja de pañuelos desechables y me dijo: "Pues siga llorando". Me dormí llorando, pero al despertar al día siguiente me di cuenta de que él también se había quedado dormido a mi lado. Fue una catarsis; me desahogué de la impotencia, del enojo, de todo. Es cierto, algunas veces siento nostalgia.

 

Supongo que el apoyo de su familia ha sido fundamental

Sí. Mi familia me ha proveído de lo necesario; adaptaron la casa a mis necesidades y han buscado la manera de hacerme la vida más fácil. Me llevaron y trajeron mientras no tenía carro, ahora manejo. Ellos han sido mi segunda fortaleza.

 

¿Y la empresa de chocolate?

Gané un viaje a Alemania gracias a un curso de Diseño de Modas que por algún tiempo tomé. Fue en aquel país donde tuve la oportunidad de recibir un curso de chocolate, y me enamoré de este producto y sus posibilidades. Traje moldes, libros. Regresé con la idea de abrir una chocolatería. Empecé con un pequeño local en el garaje de mi casa.

 

¿Ha seguido con los estudios?

No. Una de las limitaciones han sido las barreras arquitectónicas. Algunas organizaciones que supuestamente existen para velar por los derechos de los discapacitados, están integradas por personas que únicamente quieren tener protagonismo.

 

¿Cómo surgió la idea de participar en el concurso de repostería en Lyon?

Mi amiga Fabiola Pereira, chef repostera, es quien siempre me ha animado. A principios del año pasado, tras haber ganado el certamen nacional, obtuvimos el pase para participar en agosto en la Copa Maya en México, la eliminatoria latinoamericana para participar en Lyon.

 

¿Cual fue su aporte en este certamen?

Formé parte de un equipo con el cual preparamos la escultura: La creación del hombre según el Popol Vuh. Con el chocolate representamos al hombre de madera y barro, y con la pieza de azúcar al hombre de maíz.

 

¿Cómo quedaron?

En México gané el primer lugar en escultura de chocolate, y el equipo, integrado por Henry Tambriz, Pereira y yo, quedó en 4to. lugar. Fue muy emotivo, no tanto porque reconozcan tu capacidad, porque sé que soy capaz, sino porque se hizo un buen trabajo sin ninguna ventaja. Después de este logro, el chef Gabriel Paillasson, presidente fundador de este concurso, nos invitó a participar en Lyon.

 

¿Tuvo dificultades para que la dejaran concursar en México?

Desde abril preguntamos si había problemas en dejarme participar en silla de ruedas. Luego de un tiempo argumentaron que todos los chef tenían que estar al mismo nivel de posibilidades y no podían darme ningún beneficio por estar en silla de ruedas.

 

¿Qué respondió?

Que lo único que necesitaba era que el ancho de la puerta de la cocina tuviera 80 cms y una rampa de ingreso. Les escribí a los organizadores y les expuse que las limitantes las ponían ellos no yo. El equipo estaba indeciso. Les pedí un último intento. Solo faltaba un mes, de lo contrario me retiraba de la competencia. Fueron días tensos. Me llamaron aceptando mi participación, pero me advirtieron que no tendría ningún privilegio.

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