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Cada Cosa Por Su Nombre

A veces las personas actuamos como si el solo hecho de callar la realidad fuera a hacerla desaparecer mágicamente. Y en el caso de los padres o parientes cercanos de niños con alguna discapacidad, esta tendencia a evitar nombrarla es más común de lo que parece.
 
Muchas veces en mi trabajo con padres de niños con necesidades especiales, me encuentro con adultos que hablan de "lo que tiene mi hijo" o "los niños como Pepito", como si el hecho de nombrar el diagnóstico fuera a hacerlo aparecer y concretizarse de pronto en medio de la sesión.
 
En la mayoría de los casos, tiendo a imaginar que es el dolor del duelo aún no resuelto lo que lleva a algunos padres y cuidadores a evitar mencionar las palabras y utilizarlas para lo que fueron creadas. Otras veces tengo la sensación que detrás de esta actitud hay una ilusión casi inconciente de, algún día, ver desaparecer los síntomas que los entristecen, angustian y preocupan.
 
Sin embargo, mi trabajo consiste a llevarlos, sin forzar nada y respetando sus propios ritmos, a lograr mencionar el diagnóstico de sus hijos. Es la única forma de poder "plantarse" frente a la realidad con firmeza, valentía y entereza. Es la única manera posible de poder asumirla y ser feliz con ella y no a pesar de ella.
 
La palabra cura, la palabra sana, el poder hablar de un asunto que nos duele es lo que muchas veces nos lleva a encontrar dónde están nuestras heridas, reconocerlas, mirarlas, curarlas y dejarlas cicatrizar. Y muchas veces, no basta con hablarlo una sola vez, desde un solo punto de vista y con una sola persona. En ocasiones, es necesario hablar mucho, en variados tonos, en distintos momentos, estados de ánimo y con variadas personas para llegar a sentir que hemos "instalado" el tema en el lugar del corazón que le corresponde.
 
Por eso, como madre, muchas veces me choca la tendencia a obviar o callar que las personas suelen tener, al menos en la cultura donde vivo. Me impacta que siempre, o casi siempre tenga que ser yo la que nombra, casual o intencionalmente, la discapacidad de mi hijo para que el otro se atreva a preguntar, a hablar de ella, a mencionarla. Entiendo que detrás de ello está la intención de respetar, sin embargo, creo que no es un modo que nos ayude.
 
Quienes tenemos hijos con necesidades especiales necesitamos hablar. No es casualidad que tantas madres de niños con alguna discapacidad tengamos un blog para dejar plasmadas y compartir nuestras experiencias.
 
El temor a las palabras en un miedo irracional, que nos invita a ocultar y a a "cargar" nuestro dolor en el alma sin ayuda de nadie. El poder hablar de la discapacidad nos da la oportunidad de sentir que somos muchos llevando un gran paquete que compartimos, que nos une y que es parte de nuestra natural realidad.
 
Personalmente, me gusta hablar, no tolero bien callar lo evidente. Y espero que mi hijo esté aprendiendo eso de mí. En esta familia se habla de su hipoacusia como se habla de cualquier otro asunto. Nunca se oculta, no se minimiza ni se niega. Su discapacidad siempre está con nosotros, por lo que no podemos vivir como si no existiera. Eso nos hace sentir unidos y curados del dolor de aquellos tiempos en que nos enteramos que nuestro hijos sería, entre otras muchas cosas, un niño con un necesidades espaciales.
 
 
Fuente: http://reflexionesmadrepsicologa.blogspot.com.ar/

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