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A La Madre Cuyo Hijo Ha Nacido con Síndrome de Down

 

Todavía puedo recordar el día que escuché la noticia: Tenía cinco meses de embarazo, y estaba feliz y emocionada de conocer el sexo de mi bebé. Finalmente había llegado el día. Yo todo lo que quería saber era qué color pintar las paredes de su habitación, o si comprar ropa color rosa o azul, y no sabía, ni me imaginaba tampoco que había algo más que saber.

Pero porque la vida es inesperada en modos para los cuales no estamos listos para procesar, el sexo de mi bebé me fue entregado junto a otra gran sorpresa: Mi hijo tenía síndrome de Down.

En ese momento vi el mundo quebrarse en pedazos ante mis ojos. Me sentí desilusionada, desesperada y enojada. Quería culpar a alguien por lo que estaba sucediendo, así que primero me culpe a mi misma, y luego desafíe a Dios para enviarme una muestra de su grandeza “curando” a mi hijo, porque es cierto, en ese momento de mi vida era supremamente ignorante al respecto, y ni sabía ni entendía que el síndrome de Down no es una enfermedad, , sino un condición de vida.

Los meses siguientes fueron difíciles. Me recuerdo viviendo en una montaña rusa de emociones – desde el punto más alto de negación absoluta, hasta el día en que finalmente me rendí ante el destino y toqué fondo para aceptar y celebrar el amor que estaba creciendo dentro de mi.

Cuando el día del parto finalmente llegó, no recuerdo haber sentido ningún tipo de dolor físico, porque lo único que quería era ver su rostro. Quería ver como se vería, cuáles serían sus rasgos, cuáles serían sus retos.

Y cuando lo pusieron en mis brazos, lo miré a los ojos y lo que único que vi fue perfección. Conocí el amor más grande y más perfecto del mundo. Había nacido de mi, y era para mi.

Ya pasaron casi 12 años desde que Emir nació. Tres años más tarde llegó Ayelén con la misma condición, a completar mi vida, mi familia y a fortalecer mi misión.

A la madre que está viviendo este momento:

Yo he estado ahí y te entiendo, sin juicios, sin culpas, con amor, y con fe, y te ofrezco esto:

Puede que la vida no sea nada parecido a lo que esperabas, pero será increíble si así tu lo decides.

Quizás no me creas en este momento, pero aunque quizás nunca lo soñaste, eso no significa que no pueda convertirse en un sueño. Tu vida será increíble, y la vida de tu hijo lo será también, si así tu lo decides.

Los sentimientos de dolor y confusión no significa que no ames a tu hijo

Todos estos sentimientos que hoy te agobian te llevarán a un lugar mejor y te darán la oportunidad de fortalecer tu alma y tu corazón. Se paciente contigo misma y no te culpes. Ese dolor en tu pecho no es muestra de falta de amor o aceptación, todo lo contrario, es solo una pequeña prueba de cuánto lo amas y lo mucho que quieres hacer por él.

Tu hijo va a estar bien.

Va a ser feliz, va a ser inteligente, y vas a llorar lágrimas de orgullo y alegría. Y se convertirá en tu razón para creer, en tu fortaleza para luchar, y en tu excusa más grande para frenar el ritmo de la vida y re-aprender a disfrutar de las pequeñas cosas. 

Cada encuentro positivo y negativo tendrá algo que enseñarte.

Es cierto, van a haber situaciones difíciles. Y así como conocerás gente maravillosa, también te enfrentarás a retos por parte de gente negativa e indiferente. Como sea, ambos tendrán algo que enseñarte. Los primeros: Que todo es posible. Los segundos: que puedes hacerlo todo posible.

Tienes un hijo como cualquier otro

Como cualquier hijo, tu hijo será el reflejo de tu amor, fe, dedicación y tu trabajo duro como padre. Ser padre no es nunca fácil, pero vale todos los esfuerzos.

Y un par de años, y además de todas las cosas que los padres típicos hacen por el bienestar de sus hijos, vas a sentirte orgullosa de haberte convertido en un defensor, especialista, y experto. Vas a sentirte orgullosa de ser la persona a cargo de definir el futuro de tu hijo, y fruto del amor, habrás ganado el poder de cambiar las cosas que necesitan ser cambiadas, y de construir aquellas que todavía no han sido creadas.

Eres el padre del hijo más maravilloso del mundo: ¡Tu hijo!

 

 

 

 

 

 

Fuente: http://www.elianatardio.com

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